Los Amigos de Teobaldo

LOS AMIGOS DE TEOBALDO

Videoinstalación / Cyberperformance Museo de Arte Contemporáneo, 2012 · Galería Metropolitana, 2013 Video DV Loop · TRT: 5:48 min.

Los Amigos de Teobaldo retoma la noción de complot desarrollada por Ricardo Piglia y recuperada por Andrea Giunta para pensar las estrategias de las vanguardias latinoamericanas frente al poder institucional. Si durante la segunda mitad del siglo XX el complot artístico buscaba desestructurar los mecanismos que producían prestigio, mercado y legitimación, la obra traslada esa operación al escenario de las redes sociales, donde las relaciones de poder no desaparecen: se reproducen mediante nuevas formas de visibilidad, contacto, administración e intercambio de información.

La obra se produjo inicialmente en 2011, cuando Francisco Brugnoli, perteneciente a una generación vinculada al arte político chileno, dirigía el Museo de Arte Contemporáneo. Tagle creó en Facebook un perfil que suplantaba su identidad y utilizó su imagen y posición institucional para desarrollar una ciberperformance basada en la infiltración. La cuenta alcanzó el límite de 5.000 amistades y recibió miles de mensajes, solicitudes, proyectos, invitaciones y peticiones dirigidas a quien los usuarios suponían era el director del museo.

La operación no buscaba simplemente engañar a sus participantes ni desenmascarar individualmente a una figura institucional. La suplantación funcionó como un dispositivo para hacer visibles las relaciones que organizan el campo artístico: quién solicita acceso, quién concede legitimidad, cómo se establecen contactos y de qué manera el prestigio institucional condiciona las relaciones aparentemente horizontales de una red social. La imagen de Brugnoli operó como una suerte de carnada que permitió observar cómo las jerarquías del mundo material reaparecían dentro de un espacio presentado entonces bajo la promesa de democratización, comunidad y participación.

El complot cambia así de estrategia. Ya no opera desde el margen ni responde a la lógica de la vanguardia que imaginaba una posición exterior desde la cual atacar la institución. La interferencia ocurre desde el interior del propio sistema: utiliza sus imágenes, códigos, datos y mecanismos de confianza para alterar temporalmente su funcionamiento. La obra no representa una crítica institucional; produce una interferencia dentro de las relaciones que pretende examinar.

En este desplazamiento aparece también una dimensión que excede al campo artístico. La expansión de las redes sociales anunciaba nuevas formas de comunidad y acceso, pero simultáneamente consolidaba dispositivos de identificación, clasificación y administración de la vida mediante datos. Los Amigos de Teobaldo sitúa el complot precisamente en esa contradicción: entre la promesa democratizadora de la red y su capacidad para reproducir jerarquías, administrar identidades y convertir las relaciones sociales en información. El contrapoder ya no consiste necesariamente en situarse fuera del sistema, sino en infiltrarlo, apropiarse de sus mecanismos y producir una falla desde su interior.